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Tras siete años de exilio, Humberto Constantini regresó a “atorrantear” por su Buenos Aires en 1983. A partir de allí, escribiendo atornillado a la silla, como él decía y como lo había hecho siempre; ejercitando su estilo inconfundible y coordinando talleres literarios influyó a infinidad de escritores por entonces jóvenes. En su literatura tuvieron lugar privilegiado aquellos seres que todos los días debían pelear la subsistencia, con los que tan bien se identificaba, en los que tanta fe mostraba. Niños aprendiendo a vivir, un empleado capaz de mucho más de lo que parecería, un oportunista que de pronto encuentra en un semejante una razón para ser mejor, protagonizan los cuentos que hoy hemos querido compartir.
Humberto Constantini nació en abril de 1924. En 1987 murió, según dicen los que creen en cosas como esa.
envio agencia rodolfo walsh
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